martes, 13 de enero de 2009

La especie suicida carga contra los océanos.

Hablar sobre la desertificación de los océanos suena algo loco pues la costumbre generada por la mala información nos hace pensar que allí, donde hay agua, el desierto es imposible. Sin embargo, el Mar Muerto, que no en vano se llama así, es la expresión de un desierto de agua producido por el exceso de sal. Sin ir más lejos, camino a La Oroya pueden encontrarse bellas lagunas a las que ni siquiera las aves osan a acercarse por el alto concentrado de venenos que la industria minera ha vertido en ellas. Son desiertos también, sitios donde la vida se torna imposible. Otra información igualmente sorprendente aparece en un artículo del Premio Cervantes Juan Gelman y habla de una isla flotante hecha de desechos de plástico que se halla en el Pacífico a partir de la costa de California, pasando por Hawai y acecándose a Japón. Su superficie duplica el territorio continental de los EE.UU. Es llamada la "Gran mancha de basura del Pacífico" y se calcula que alrededor de 100 millones de toneladas de plástico han sido su origen. Un investigador declaró: “La gente pensaba que era una isla de basura plástica sobre la que casi se podía caminar. No es así. Es como una sopa de plástico”…¡¡Una sopa de plástico!!,otro maravilloso y alucinante ejemplo de lo que puede provocar el crecimiento descontrolado que genera nuestra forma de vida. Luego nos preguntamos si la actividad humana tiene o no tiene que ver con los cambios que se están produciendo en el planeta. La Fundación Algalita, de investigaciones marinas, señala en un informe que “que las partículas de plástico afectan al menos a 267 especies marinas en todo el mundo, incluyendo a 86% de todas las clases de tortugas”.
Aves y mamíferos marinos confunden las partículas con huevos de pescado. Un ejemplo: 40% de los pichones de albatros del atolón hawaiano de Midway muere prematuramente por esa confusión. En el estómago de algunos mamíferos se ha encontrado jeringas, encendedores, cepillos de dientes y otros objetos que creyeron alimento. Se ignora cuánto tiempo debe transcurrir antes de que esas partículas se biodegraden. Los expertos calculan que no menos de cinco siglos". Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de un millón de aves y más de 100 mil mamíferos marinos mueren cada año por la ingestión de plástico.
Además de que la sopa de plástico no cesa de crecer, se ha descubierto que en determinadas áreas, debido a la presión atmosférica, el plástico pesa seis veces más que el plancton, que termina ingiriendo dicho plástico. Recordemos que el plancton es una entidad viva compuesta por un conjunto de microorganismos que flota en aguas saladas o dulces y que abunda hasta los 200 metros de profundidad. El plástico ingresa al plancton y, por este, los peces absorben los pesticidas y estos, de esa forma llegarán, -¿Cómo una venganza?- a la cadena alimentaria humana. “Lo que entra en el océano entra en los animales y llega al plato de comida. Así de simple.

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