viernes, 29 de enero de 2010

La Columna Cultural de Alejandro

Una anécdota para refrescar el fin de semana:

Fritz Kreisler (Viena 1875-New York 1962) fue un extraordinario violinista y fino compositor quien, desde la edad de 9 años, ya daba conciertos habiendo perfeccionado sus estudios con célebres músicos de la época. Y, en particular, en 1888 andaba dando conciertos en USA con gran popularidad por supuesto.Sin embargo en 1939 tuvo que emigrar a este país, cuando el nazismo apareció en Austria, no habiendo sido recibido de buena gana por cierta prensa y opinión pública antigermana dada la época de beligerancia que se vivía por esos días en Europa.
El anuncio de su primer concierto, de esta época, en New York no contó con el apoyo de alguna prensa las que en sus encabezados decían:
- "Iremos al teatro a oír el maravilloso sonido del violín Stradivarius de gran valor que posee Mr. Kreisler" , y cosas por el estilo en las que no mencionaban de manera alguna el nombre del violinista.
Durante la función en las tres primeras piezas el público era un solo de delirio y las ovaciones para Kreisler no cesaban. Terminando las mismas, Kreisler tomó el violín y lo arrojó al piso destrozándolo con los pies. El público no lo podía creer, se escuchó más de un grito de espanto, pero Kreisler ni se inmutó y. dirigiéndose a ellos, les dijo:
- "este violín que acabo de partir en mil pedazos lo compré hace unas horas en una tienda de la Quinta Avenida; a partir de este momento, continuaré el recital con el violín Stradivarius del que tanto hablaba la prensa esta mañana".
El "Liebesleid", ó las "Penas de Amor", es una pieza seguramente conocida por muchos de ustedes. En ella Kreisler, el autor, vuelca toda su inspiración melódica y sentimental de una Viena que apuntaba a desaparecer, quizás, con los embates de la dos Grandes Guerras. La interpretación que de ella hace la violinista y cantante, principalmente, de música popular y folkclorica de su país: Katica Illényi, de origen húngaro, nos traslada de muy cercana manera a ese ambiente de romanticismo, elegancia y finura de la vida vienesa en esa época y a la interpretación que el mismo Kreisler hacía de su obra.

Saludos: Alejandro.-



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